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Errores comunes con los colirios sin conservantes: 5 fallos que debes evitar
Preguntas y respuestas

Errores comunes con los colirios sin conservantes: 5 fallos que debes evitar

Un colirio sin conservantes puede ser una buena opción para quien necesita lubricarse los ojos con frecuencia, pero esa etiqueta no convierte el envase en indestructible ni permite usarlo de cualquier manera.

La forma de abrirlo, la higiene de la punta, el tiempo que puede conservarse y su compatibilidad con las lentillas dependen del producto concreto.

El error suele empezar cuando se toma una indicación válida para un colirio y se aplica a todos los demás. Unas gotas pueden venir en unidosis que se desechan después de abrirlas; otras permiten volver a cerrar el envase durante un tiempo limitado. Y un producto compatible con lentes de contacto no hace que lo sean todos los lubricantes. Con los colirios, la costumbre no sustituye al prospecto.

1. Tratar todas las unidosis como si fueran iguales

La unidosis parece sencilla: se abre, se aplica la gota y se tira. A veces, sin embargo, alguien la vuelve a cerrar para aprovechar lo que queda. Ninguna de las dos opciones es correcta para todos los productos. La pauta depende de las instrucciones del fabricante y de cómo se haya diseñado el envase.

La guía del NHS sobre carmelosa, revisada el 8 de julio de 2024, contempla que algunas marcas concretas permitan volver a tapar la unidosis y reutilizarla dentro de un plazo limitado, de hasta 12 horas. Es una indicación vinculada a esos productos, no una regla que pueda trasladarse a cualquier monodosis. En cambio, el prospecto español de Elymbus, un gel oftálmico sin conservantes en unidosis registrado en la AEMPS (CIMA), indica que el envase debe desecharse después de una sola aplicación. Una vez abierto, no se puede garantizar su esterilidad.

Por eso, el tamaño pequeño del envase no basta para decidir cuánto tiempo puede guardarse. Tampoco basta con que la unidosis parezca limpia o conserve líquido. Si las instrucciones no autorizan expresamente a cerrarla y reutilizarla, no conviene dar por hecho que puede hacerse.

Que un colirio no lleve conservantes no significa que el envase abierto se conserve por sí solo. La pauta está en el prospecto de ese producto.

Al abrir una unidosis, comprueba qué indica el prospecto sobre el uso después de la primera aplicación. Si permite conservarla, sigue las condiciones y el plazo que especifique; si ordena desecharla, no intentes alargar su uso. Y si la caja y el envase no aclaran qué hacer, pregunta en la farmacia antes de improvisar.

La regla también evita una confusión habitual: dos productos con el mismo principio activo pueden tener presentaciones y normas de uso distintas. Cambiar de marca, formato o sistema de aplicación es motivo suficiente para volver a leer las instrucciones, aunque lleves tiempo usando gotas parecidas.

2. Contaminar la punta del envase sin darte cuenta

La punta del frasco o de la unidosis debe mantenerse limpia. Puede rozar las pestañas, el párpado, la piel de la cara o los dedos al intentar acercarla al ojo. También puede tocar una superficie si se deja sobre el lavabo o la encimera. Ese contacto introduce una posibilidad de contaminación que no se corrige porque el colirio sea sin conservantes.

La guía del NHS para la aplicación de carmelosa recomienda lavarse y secarse las manos antes de utilizar las gotas y evitar que el aplicador toque el ojo, las pestañas, el párpado, la piel u otras superficies. Son gestos sencillos, pero se vuelven más difíciles cuando hay prisa, poca luz o cuesta acertar con la gota. Si el envase se aparta de la vista para apretar o se acerca demasiado al ojo, la punta puede acabar rozando sin que uno lo note.

Una manera más estable de aplicarse las gotas es sentarse o tumbarse, mirar hacia arriba y bajar con suavidad el párpado inferior. Con la otra mano, acerca el aplicador sin apoyarlo en el ojo ni en la piel. Si te resulta difícil coordinar el movimiento, busca una postura en la que puedas apoyar el brazo; así tendrás más control que si intentas hacerlo de pie y deprisa.

Después de cada uso, cierra el frasco según las instrucciones. No limpies la punta con los dedos ni la seques con un pañuelo: podrías contaminarla o alterar el aplicador. Si se ha ensuciado o ha tocado una superficie, consulta el prospecto o pregunta a un profesional qué hacer con ese producto, en lugar de continuar como si nada.

Las manos limpias son importantes, pero no son la única precaución. El envase es personal y no debe compartirse, tampoco con alguien de la misma familia. Cada persona puede tener una infección o una irritación que no es evidente, y compartir un aplicador facilita el contacto entre ojos y secreciones.

También conviene distinguir entre una técnica incómoda y un problema que se repite. Si la punta toca el ojo cada vez que intentas ponerte las gotas, pide consejo en la farmacia o en la consulta. Pueden explicarte cómo manejar esa presentación concreta o valorar si existe un aplicador que te resulte más fácil de usar.

3. Aplicar varios productos sin respetar las instrucciones de espera

Cuando se utilizan más de unas gotas, importa el orden. Una segunda aplicación inmediata puede arrastrar parte de la primera, de modo que ninguna de las dos permanezca el tiempo previsto. Y si se combina un colirio con una pomada oftálmica, el orden también puede influir en cómo se distribuyen los productos.

No existe un intervalo único que sirva para todos los colirios y todas las pomadas. La espera puede depender del producto, de la pauta prescrita y de las instrucciones de uso. Por ejemplo, la guía del NHS sobre carmelosa indica dejar un intervalo entre esa preparación y otro colirio o una pomada. Esa recomendación corresponde a la carmelosa descrita en esa guía; no debe convertirse automáticamente en una norma para cualquier combinación.

Lee los prospectos de los productos que utilizas y sigue la pauta indicada por el profesional que te los haya recomendado. Si uno de ellos explica cuánto esperar antes de aplicar otro, respeta ese intervalo. Si la combinación no está clara, pregunta al farmacéutico o al oftalmólogo: es más seguro que decidir por analogía con otro colirio que usaste en el pasado.

Como orientación de orden, cuando una pauta incluye gotas y una pomada, suele aplicarse primero el colirio y después la pomada, porque la textura de esta puede interferir con la distribución de las gotas. Aun así, comprueba las indicaciones de los productos concretos y no cambies el orden si te han dado una pauta distinta.

También cuenta el número de aplicaciones. Poner dos gotas seguidas para que el tratamiento parezca más eficaz no siempre aporta nada: el ojo tiene una capacidad limitada para retener líquido y el exceso puede rebosar. Si el prospecto indica una gota por aplicación, aumentar la cantidad no equivale a mejorar el efecto. Si dudas sobre la dosis o sobre el orden, consulta antes de modificarlo.

4. Dar por hecho que cualquier lágrima artificial sirve con lentillas

Las lentes de contacto pueden asociarse a sequedad o molestias, pero eso no significa que cualquier colirio lubricante sea adecuado para aplicarlo con las lentillas puestas. La compatibilidad depende de la formulación y de las indicaciones de cada producto. Que una lágrima artificial sea sin conservantes no basta para saber si puede usarse sobre la lente.

Algunos productos indican que hay que retirar las lentes antes de aplicarlos y esperar un tiempo antes de volver a colocarlas. Otros pueden estar formulados para el uso con lentes de contacto. La información de la guía del NHS sobre determinados productos de carmelosa y la del prospecto de Elymbus incluyen una espera de 15 minutos antes de volver a ponerse las lentes. Ese intervalo corresponde a esos productos concretos, no es una pauta universal para todos los colirios sin conservantes.

Con las lentillas puestas, fíjate en la compatibilidad que declara el producto. Si el prospecto no lo aclara, pregunta antes de aplicarlo sobre la lente.

El envase y el prospecto son las referencias: comprueba si el producto permite el uso con lentes de contacto y qué instrucciones da para aplicarlo. Si indica que hay que quitárselas, sigue el tiempo de espera que establezca ese producto. No sustituyas esa indicación por un intervalo que hayas leído para otra marca.

La diferencia importa también cuando compras una lágrima artificial nueva. Si llevas lentillas a diario, explica en la farmacia qué tipo usas y cuándo notas la molestia. Así podrán orientarte hacia un producto cuyas instrucciones sean adecuadas para esa situación. No hace falta probar una gota al azar mientras tienes la lente puesta para averiguar si te sienta bien.

Si el escozor aparece cada vez que llevas las lentes, o si la incomodidad no mejora al retirarlas, no lo atribuyas automáticamente a la falta de lubricación. Puede haber otros factores relacionados con el ajuste, el tiempo de uso o el estado de la superficie ocular. Las gotas pueden aliviar un síntoma, pero no identifican por sí solas su causa.

5. Creer que sin conservantes significa sin límite de uso

Los colirios sin conservantes pueden presentarse en unidosis o en frascos multidosis. Que no lleven conservantes no permite deducir cuánto dura el envase una vez abierto. En un multidosis, el plazo depende del sistema de dispensación y de las instrucciones del producto. En una unidosis, las reglas de reutilización también varían. El dato que cuenta es el del prospecto de la presentación que tienes delante.

La frecuencia de aplicación tampoco se puede decidir solo por la ausencia de conservantes. La OCU recomienda las lágrimas sin conservantes cuando se necesita un uso frecuente, que sitúa por encima de 4-6 veces al día, porque algunos conservantes, como el cloruro de benzalconio, pueden empeorar el ojo seco si la exposición se repite. La guía TFOS DEWS II, publicada en 2017, también considera que los preparados sin conservantes pueden ser una opción preferible para personas con enfermedad de la superficie ocular o que necesitan instilaciones frecuentes.

Eso no equivale a que cualquier producto pueda aplicarse sin límite. La pauta habitual descrita para carmelosa en la guía del NHS es de 1-2 gotas según necesidad. Esa indicación se refiere a ese principio activo y a la guía consultada; no debe extrapolarse a otros colirios. Si el prospecto establece una dosis, síguela. Si necesitas aplicarte las gotas con más frecuencia de la indicada, consulta antes de aumentarla.

La necesidad de recurrir a las lágrimas artificiales de forma continua también merece atención. Si las usas durante semanas, notas que cada vez alivian menos o tienes que aplicarlas con una frecuencia creciente, puede ser el momento de revisar qué está causando el problema. A veces hay que valorar la superficie ocular, cambiar el producto o abordar una afección que las gotas lubricantes no resuelven por sí solas.

Usarlas muy a menudo no demuestra que puedas aumentar la dosis: puede indicar que conviene revisar el producto o buscar el origen de las molestias.

Las lágrimas artificiales alivian síntomas, pero no tratan todas las causas de sequedad. No sustituyen la valoración de una blefaritis, de una alteración de las glándulas de Meibomio o de otros problemas de la superficie ocular. Si el escozor persiste, hay dolor o visión borrosa, o la molestia empeora, pide una valoración profesional en lugar de encadenar cambios de colirio.

El prospecto también forma parte de la rutina

Los cinco fallos tienen algo en común: aparecen cuando se da por hecho que una indicación conocida vale para cualquier envase. La unidosis puede tener reglas distintas de la multidosis; la punta necesita mantenerse limpia; la espera entre productos y la compatibilidad con lentillas dependen de las instrucciones concretas; y ni la frecuencia ni el tiempo de uso se deducen de la etiqueta sin conservantes.

Por eso conviene leer el prospecto al empezar un producto nuevo, aunque ya hayas usado lágrimas artificiales durante años. Si cambias de formato o de marca, vuelve a comprobar cuánto tiempo puede conservarse, cómo debe aplicarse y si es compatible con las lentes de contacto. Y si la sequedad te obliga a usar las gotas una y otra vez, consulta: aliviar el ojo es útil, pero entender por qué se seca es lo que permite elegir el siguiente paso.

Preguntas frecuentes

¿Se pueden reutilizar todas las unidosis de colirio sin conservantes?
No. La posibilidad de volver a tapar y reutilizar una unidosis depende de las instrucciones del fabricante y del diseño de cada producto en particular.
¿Se debe limpiar la punta del envase si se ensucia?
No se debe limpiar con los dedos ni secar con un pañuelo. Si se ha ensuciado o ha tocado una superficie, hay que consultar el prospecto o preguntar a un profesional.
¿Se pueden usar todas las lágrimas artificiales sin conservantes con las lentillas puestas?
No. La compatibilidad depende de la formulación y de las indicaciones de cada producto, por lo que es necesario comprobar si el fabricante permite su uso con lentes de contacto.
¿Es seguro aplicar dos gotas seguidas para mejorar la eficacia?
No necesariamente. El ojo tiene una capacidad limitada para retener líquido, el exceso puede rebosar y conviene seguir la cantidad indicada en el prospecto.
¿Qué frecuencia de uso se recomienda para las lágrimas sin conservantes?
La OCU recomienda las lágrimas sin conservantes cuando se necesita un uso frecuente por encima de 4-6 veces al día, y la pauta general suele ser de 1-2 gotas según necesidad según el producto.

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