El ojo seco afecta al 64% de las mujeres con menopausia y sigue sin detectarse
Según informa Cimacnoticias, un estudio de Dexeus Mujer publicado en la revista Menopause encontró síntomas compatibles con ojo seco en el 64 % de las mujeres en perimenopausia o menopausia; solo una…

Según informa Cimacnoticias, un estudio de Dexeus Mujer publicado en la revista Menopause encontró síntomas compatibles con ojo seco en el 64 % de las mujeres en perimenopausia o menopausia; solo una de cada cuatro tenía un diagnóstico previo. El dato pone el foco en una molestia que puede interferir con tareas cotidianas y pasar inadvertida cuando se atribuye sin más al envejecimiento.
Síntomas que conviene poner en palabras
La sequedad ocular puede manifestarse como irritación, enrojecimiento, escozor o sensación de quemazón, sensibilidad a la luz y visión borrosa. Según la información recogida por Cimacnoticias, estas molestias pueden afectar actividades como leer, conducir o trabajar frente a una pantalla.
La perimenopausia es la etapa de transición previa a la menopausia, en la que pueden aparecer cambios en el ciclo menstrual y otras manifestaciones relacionadas con variaciones hormonales. El estudio señala que la sequedad ocular puede no reconocerse en ese contexto. Por eso, si notas molestias, resulta útil explicar en consulta qué sientes y cómo afectan a tu día a día, en lugar de limitarte a describirlas como cansancio o como un cambio propio de la edad.
Una pregunta concreta para la consulta
El responsable de la Unidad de Menopausia de Dexeus Mujer plantea que la detección puede iniciarse desde la consulta ginecológica y facilitar el tratamiento o la derivación a especialistas. La información también destaca la sequedad genital como otra molestia que puede coexistir. Comentar ambos síntomas puede ayudar a que el profesional valore el cuadro en conjunto.
El dato del 64 % se refiere a mujeres en perimenopausia o menopausia con síntomas compatibles, no a diagnósticos confirmados de ojo seco. La diferencia importa: tener molestias no equivale por sí solo a contar con un diagnóstico. Si aparecen, el paso práctico es describir su frecuencia y el impacto en actividades concretas, y preguntar si conviene una valoración ocular. Así se evita dar por hecho que la causa es simplemente el envejecimiento y se abre la puerta a una evaluación adecuada.